Amables lectores que un post atrás han tenido la amabilidad de acercarse hasta mi blog, tomándose inlcuso algunos de ustedes la molestia de dejar constancia en él de sus comentarios y uno en concreto -específicamente la/el llamada/o o apodada/o Seikilos- la gentileza de que estos fueran correspondientes (vertidos con arreglo a criterios de estricta coherencia, quiero decir) a la pregunta que formulaba el texto, señalarles ahora aquí que el enigma toca por fin a su fin. Y su descubridor no ha sido otro que....

 Bueno, en puridad la solución cabal del problema no ha sido expuesta exhaustivamente por nadie. El que más cerca ha estado de hacerlo ha sido Seikilos -si bien ha de tenerse en consideración, y sin que con ello pretendamos restarle méritos al personaje, que es el único que lo ha intentado- pero tampoco lo ha conseguido del todo. Ha estado ahí, cerquita de lograrlo: ha tocado, ha gambeteado cerca del área, ha chutado de volea. Y la pelota ha ido al arco. Pero se la ha parado el portero.

Los versos que transcribi en mi anterior post no son en efecto -tal y como sospechaba el ínclito (o la ínclita) Seikilos- de Jorge Luis Borges, sino de una amiga mía, excelente poeta, llamada Susana Palma, de la que espero se conviertan en unos fans acérrimos. Más cabe que pudiera haber ocurrido con Susana lo que en uno de los más celebrados cuentos, obra del literato, le sucedió a Pierre Menard en relación con "El Quijote", y mi amiga esté reescribiendo ahora, por inspiración directa de Borges, un libro de poemas suyos que jamás salieran a la luz. Porque lo de Susana tiene que tener algún truco en alguna parte. Es muy, muy, buena. Y para muestra les dejo aquí otro botón (de nácar), a ver que les parece.

 Tengo miedo al disfraz de un mudo sentimiento,

al naufragio inminente de una noche vacia,

a unas manos de cera en la penumbra mía;

tengo miedo a sentir lo que en verdad no siento,

 

a un reloj moribundo, que, llegado el momento,

solicite a mis labios testimonio algún día,

a un adiós ambulante, a un simple todavía,

a unos brazos en cruz a voluntad del viento.

 

Cuando no haya papel donde ocultar mi miedo,

ni fuego en el que arder en lánguido suspiro,

me aferraré a la fe, conciliaré mi credo,

 

soñaré que despierto en un manso retiro,

donde pueda borrar la huella de mi dedo

y arrugar con mi frente el aire que respiro.

 

Y.. vaya.. si cabe la posibilidad real de que los versos de Susana sean en realidad de Susana -y no de Borges-, con lo que nuestro amable opinante (coherente) no estaría errado en sus vaticinios, pecaría de cortés -y aquí no estamos para confitar mignardises- si  no le instruyera al mismo de que sin embargo yerra de medio a cabo al sentenciar que Borges no utilizó jamás en su poesia los términos tic tac y guión. Lo siento, pibe, pero en esto andáis, vos, más que confuso. Miren...

 

QUICKFINDER

 

Recién llegados, al patio, al portón, a la vereda

celadores de estrellas en una noche mansa, sin luna

añorantes bisoños de un tiempo transcurrido que nada se llevó a su paso.

Persiste entre las cuadras, negro, válido, el abismo del pozo.

El agua de su vientre, esperando calmar la sed del sable y del matrero

y la impaciente ansia de la cabalgadura.

Se escucha al ruido del viento llegar desde muy lejos. Del mar, tal vez.

Emerge de entre la oscuridad el sonido del tictac de una máquina.

No es un reloj. El ruido forma parte ya de mi memoria:

tictac, tic tac, tictac...

son mis manos, más jóvenes, recorriendo de nuevo la historia del mundo.

Habrá veces en que vuelva para pasear por la vereda.

Y otras en las que, como el guión imperfecto de mi vida,

quede reducido a una repetición de nombres, de adjetivos, de frases

recapitulados en el cuaderno de otro hombre.

 

Tictac lo emplea además, Borges, junto, así: "tictac" y por separado: "tic tac", para no dejar el menor resquicio a la duda. Y como bien puedes observar, Seikilos, también en el terreno de la ofimática el maestro se nos ha revelado como un verdadero druida, un adelantado a su tiempo, un retornado del porvenir... al titular a este poema, suyo, dedicado a esos estudiosos reclacitrantes de su obra capaces incluso de aprenderse de memorieta el magnus magma de su ingente vocabulario, "QUICKFINDER".

De lo cual cabrá que apreciemos que la inspiración del genio ha imbuido también de genuina borgenidad al departamento de programadores de Microsoft. O incluso al propio Bill Gates.

 Algo de imposible materialización para los afanes de un muerto. Concluyendo: Borges sigue vivo.

 Os quiero!.